anécdotas

Vivir con una adolescente

o “Cómo poner tus nervios a prueba día a día”

Son tan pequeños y tan inocentes al principio que, cuando te quieres dar cuenta, cuando vas ya han venido.

A ver, me explico: como ya he dicho, tengo la friolera de 21 años y una herman(it)a pequeña de 12. Entró en el instituto para cursar 1º de ESO  el pasado Septiembre y, como predije, todo han sido cambios en su hormonado cuerpo. Ahora me dice que es que estoy vieja, pero cuando me cuenta modas “de las que se llevan ahora” no puedo hacer más que chocar mi barbilla contra el suelo haciendo que la máscara de “Scream” me envidie a muerte.

Para empezar, si no quieres a tu mejor amiga como una hermana y encima ni se lo dices, no te mereces nada en esta vida. Eso sí, está permitido que ni le hables en el instituto porque te vas con otra gente siempre y cuando estés con ella tres horas al teléfono por la tarde criticando contándole todo lo que se te pasa por la cabeza.

No puedes repetir ropa. Eso es normal, siempre está lo de la higiene y demás, pero estoy hablando de que si tienes dos chándals parecidos entre sí no puedes ni debes llevarlos en la misma semana. Porque la gente se da cuenta. Y claro, el qué me pongo con ella causa más debate que un face to face entre los líderes de los partidos militantes. Le dices que te haga una argumentación básica de cualquier cosa y no sabe bien, pero es capaz de usar los cincos pasos de la retórica clásica para argumentarte por qué ella no puede ponerse esa camiseta al día siguiente y encima desarmarte.

Si creías que a los cinco añitos eran pesados con las preguntitas, espera a llegar a esta edad. Preguntas como ¿tú a qué edad empezaste a salir? ¿A qué edad te empezó a gustar el primer niño? ¿A qué edad te quitaste el boquerón? ¿A qué edad tuviste tu primer novio? ¿Qué música escuchabas con mi edad? ¿Con cuánta gente te hablabas con mi edad? y mil variantes más con mi edad harán tus delicias del día a día. Ojo, cuidado con las respuestas: si hiciste lo que sea antes que ella, eres un espabilado. Si fue después, eres un tonto o un soso. Al ser ellos el centro del universo, su realidad y su modo de actuar son el evangelio, la constitución y las leyes, y el que diga lo contrario que le corten la cabeza.

Da igual lo que hagas para evitarlo: la música siempre estará puesta a toda leche en casa. Sí, es la triste realidad, te metes en Twitter quejándote de las chonis que ponen el reguetón (o como leches se escriba) en el bus a toda voz y llegas a tu casa y te encuentras la danza kuduro en tu salón mientras ella se está comiendo un yogur y viendo la tele a la vez. Delicioso.

Modas de poner tus iniciales con los novios siempre ha habido. Primero era “C x M”, después “C y M” y ahora son las iniciales del chaval en cuestión (por si no te habías anulado lo suficiente) con el número de turno acompañado de una almohadilla (17#, por ejemplo, a lo americano). Pero eso no es lo divertido, porque hasta aquí todo va normal: lo divertido es que si tu estás “realmente” enamorada del chaval tienes que coger un compás y, como una loca que venera al Justin Bieber, marcarte las iniciales. Ahí, a pelo. Esto me ha impresionado mucho y creo que he disuadido a mi herman(it)a a no hacerlo por las infecciones y demás, pero yo aún tengo pesadillas con compases y antebrazos y cicatrices que no se van. Espeluznante.

En definitiva, todos hemos pasado por la edad del pavo y hemos tenido nuestras tonterías y nuestros coqueteos con lo absurdo, pero una vez pasado todo eso sienta bien sentarse y reírse de la edad por la cual nosotros no volveremos a pasar (por suerte o por desgracia) mientras esperas que el pipiolo de turno se equivoque para que vuelva alicaído. Sólo espero que, cuando pase en mi caso, no tener actitud de madre y decirle “¿Qué te dije? ¿Eh? ¿No te lo dije?” sino reírme de ella como siempre y decirle “¡Pero no ves que por eso hemos pasado todos…!” Porque es un hecho que mientras más crece mi niña más se acerca a mí y que, aunque diga que no me va a echar de menos porque va a quedarse con mi cuarto y yo diga que estoy deseando irme…

Ni contigo ni sin ti,

tienen mis males remedio:

contigo porque me matas;

y sin ti porque me muero.

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