erasmus, yay world

¡Adiós, España, adiós!

o “Cómo Solemboom se fue a Islandia aquel día”

¡El momento ha llegado! No me lo puedo creer, ¡por fín ha llegado!

Han sido unos largos días de preparar cosas y firmar muchas más: el sentimiento de paz cuando el papeleo se termina, la satisfacción de meter en cajas toda la ropa (ya sabréis que tengo gatos y que no es buena idea abandonar posibles “trapos” que puedan convertirse fácilmente en “nidos”), el agobio de no encontrar algo, la tensión de agolpar toda la ropa de invierno en una maleta de 20 kg. como máximo, el sobrecogimiento de las despedidas… Ay, las despedidas. No es bonito ver a la gente despedirse de ti, ni que te diga que tengas cuidado, y mucho menos bonito es ver a tu herman-ita sollozar mientras te abraza.

Es cierto que, personalmente, llevo una temporada de mi vida muy dura y que esto parece un regalo del destino (aunque la modesta realidad sea que casi nadie quiere irse a Islandia), pero la nostalgia aflora hasta en los corazones más ansiosos y, después de todo, una lagrimita sí que se asoma casi sin querer.

Nos leemos al otro lado. ¡Buena suerte!

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