música, novela

I dreamed a dream

o “La hipster frustada”

Después de un mediodía complicado, hoy llegué tarde a clase.

Vistas las circunstancias decidí no aprovechar el tiempo yendo a la FNAC, que está a 10 minutos a pie de mi facultad.  Para evadirme unos minutos, sólo para evadirme unos minutos.

Y sólo para evadirme unos minutos, me puse a fantasear. A fantasear que me compraba un libro. Pasé de largo la zona de novela gráfica, que es prácticamente mi zona favorita, y me fui directamente a la zona de novela en prosa. Y, uno a uno, empecé a coger los libros que me parecieron, mirando sus portadas, su resumen en la parte posterior, abriéndolos para leer fragmentos. Este libro sí que me lo compraría. Una narco-novela, que típico. Este hombre no sabe escribir bien. La novela basada en una tele-novela, maravilloso. Los clásicos casi siempre valen la pena, desde luego. ¿Amor zombie? ¿En serio?.

Y vi la novela de Haruki Murakami a la que le están dando tanto bombo que me la quiero leer y todo, 1Q84. Me interesé por un autor que no conocía antes: Roberto Bolaño y su Los detectives salvajes, me ha llamado la atención. Y miré con desprecio La reina del sur. Porque Pérez-Reverte es uno de esos autores que me caen mal sin haber leído un libro suyo entero. Quizá algún día debería terminarme alguno solo para juzgar bien, pero me sentiría como si me leyese Crepúsculo solo para verificar que no me gusta leer Crepúsculo. Por poner un ejemplo.

Entre otras cosas, claro está, porque no me acuerdo de todas las novelas que pude ver ni todas las que ojeé. Ya, ya lo sé, menuda estudiante de literatura estoy hecha. La cosa es que al final me fui de allí sintiendo que mi tarde había sido productiva de alguna manera.

Si conocéis a algún filólogo de verdad quizá os haya comentado esto que voy a decir a continuación. Para que nos entendamos, supongo que si trabajas 8 horas diarias en un H&M no tendrás ganas de ir a tu casa para ponerte a colocar ropa en su sitio. Tendrás ganas de todo menos de eso. Y yo, personalmente, si quiero evadirme de los libros que tengo que leer sí o sí es muy extraño que me ponga a leer otros libros de literatura seria. Me han llegado a decir que es posible que no tenga vocación suficiente. También me han dicho que como no he sido capaz de terminar el primer tomo de El señor de los anillos estoy perdiendo el tiempo estudiando literatura, y mírame (que conste que respeto a Tolkien mucho, es muy bueno haciendo lo suyo y eso no puede negarse). Y oye, hablando de viajes épicos, quizá yo debí haber contestado al sujeto este que hasta que no se lea Tirante el Blanco no tiene derecho a abrir la boca . Y porque la Odisea me parece demasiado ya (hey, sólo los que hemos estudiado Humanidades en el bachillerato sabemos lo que es traducir a Homero like a boss).

Y desarrollé un deseo. No, más bien un propósito. Quise ser como esos modernillos, a.k.a. hipsters, que van a las cafeterías siempre con un libro en el bolso (o metido en su e-book) con unos títulos muy pintorescos todos, como por ejemplo este que le ha robado la portada a otro libro de Federico Moccia, Brújulas que buscan sonrisas perdidas. Y pedirme un latte, sacar mi novela de colorines y ponerme a leer porque, fíjate tú, ese día me apetece leerme ese libro y no otro.

Así, cuando pasé por delante del Starbucks que hay cerca de la FNAC (qué eficiente, hay un sitio donde sentarte a quitarle el plastiquito a tu nuevo CD de Muse mientras te tomas tu Soya-Chai-latte. Para que luego digan que no pueden hacerse dos tareas al mismo tiempo)  me miré en el reflejo. Con mi camiseta negra y larga, con manchitas blancas; con mis pantalones azules con el tobillo descubierto; con mis bailarinas negras; con mi bolso de cuero deshilachado; con mi iPhone y mis Ray-Ban Wayfarer; con todo aquello casi que me podría confundir entre el gentío modernillo. Supongo que, en ese momento, lo único que me diferenciaba de ellos era que la canción que estaba escuchando en ese momento era ésta.

Supongo que jamás seré una buena modernilla con novela en el bolso y post-rock en el iPod, y que lo que me espera en el futuro es esperar a que alguien quiera venir a tomarse un café conmigo y ya está. No queda tan cool… pero en compañía las penas son menos penas. Al fin y al cabo, nunca encajé en una pandilla (o “tribu urbana”) y ahora a estas alturas ya no voy a ser menos.

PD: Siento que mi primera entrada de resurrección sea ésta precisamente. Sobre libros y moderneo, diciendo mucho y en realidad no digo nada. Pero he querido hacer esta entrada en honor de mi amigo Kyo, que fue el que me ayudó a darle forma al blog en su día y hoy he destruido prácticamente todo su trabajo a sangre fría para darle un lavado de cara a la página. Va por ti, mi hipster favorito.

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